Total Normalidad

#TOTAL NORMALIDAD (Con permiso de Ana Schiuma)
Por el rabillo del ojo, Rita sintió la presencia del tipo que los observaba a varios automóviles de distancia en el aparcamiento del supermercado. Estaba acostumbrada a las bofetadas que su marido solía propinarle (también) en público. Eran golpes fugaces, descargados de su fuerza habitual, en señal de desaprobación o de impaciencia.
Anselmo Puertas no solía arredrarse por la presencia de la gente.
Nadie decía nada.
Nadie hacía nada.
Nunca.
El mundo iba a lo suyo, y los golpes que un hombre propinase a una mujer, no entraban en el orden de cosas que pudiesen pausarlo.
Por su experiencia, Rita sabía que la mayor parte de la gente apartaba la mirada o se alejaba fingiendo no haber visto el incidente, embelesados por una horrible sensación de normalidad. Otros, en cambio, meneaban la cabeza y lanzaban a Anselmo una mirada reprobatoria, pero terminaban emprendiendo el mismo camino de connivencia que el resto del personal.
Luego, todos olvidaban lo sucedido y continuaban con sus vidas como si tal cosa.  
Todos, menos Rita Puertas.
Como el resto antes, el tipo del coche que presenciara la agresión, se limitó a contemplar la escena con el mismo aire distraído con el que habría observado a un perro correteando por la calle.
Mientras avanzaba hacia el supermercado, Rita llevó la mano plantada en su mejilla. Estaba ardiendo, muy caliente bajo su pequeña palma, con la que acarició la zona enrojecida, como intentando que la memoria de la piel le recordase la forma exacta en que la mano de su marido se estampara en su cara. Éste marchaba por delante de ella enfrentándola al silencio de su espalda, tan ancha como la trasera de una camioneta. Rita caminaba cabizbaja, sumida en la humillación que la abrasaba. Quizá en el fondo se mereciese lo ocurrido, pensaba. Quizá lo provocase, obligándolo a actuar del modo en que lo hizo.
Sí, se decía.
Así era.
Era posible que no le hubiese dejado otra salida.
Es tan irascible… y trabaja tanto, el pobre, se dijo. No debí contradecirle…  
En su mente, Rita objetaba cosas por el estilo mientras caminaba esforzándose por no introducir los zapatos en los charcos. Sus ojos se arrastraban por el asfalto mojado siguiendo las huellas de su marido, y mientras las puertas automáticas del supermercado se cerraban tras ella, tragó saliva y deseó con todas sus fuerzas no haberse olvidado la nota donde Anselmo anotara todo lo que debían comprar.

#Totalnormalidad #Elloboestaaqui #Rafaellopezvilas #Malostratos #Machismo #Violenciamachista #Violenciadegenero #Maltratadores #Mujeresmaltratadas

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