Colitis Gentrificada. Escatología capitalista y otras ventosidades. Elloboestaaqui Trademark.

 COLITIS GENTRIFICADA
Era la tarde de un viernes
y paseaba por el centro,
cuando,
de repente,
sentí un retortijón
desgarrándome el estómago,
como si un sádico carnicero
rebanase mis menudillos
con su cuchillo
Apreté el paso
y eché a caminar calle abajo
Bares, cafeterías, restaurantes
Todos ellos
colgaban en la puerta
el mismo cartel
“Baño de uso exclusivo
                  para clientes”
 
Yo lo sabía
De sobra lo sabía
Pero soy humano
Pobre, sí,
pero humano,
y la esperanza
es lo último que se pierde
Así que
hurgué en mis bolsillos
En todos
los que tenían agujeros
y en los que no
Ni un céntimo
Ni una puta
y mísera peseta
que aliviase mi tortura
El estómago empezó a centrifugar
Sentí una pulsión en el recto
Corrí calle abajo
Calle arriba
Carteles por todos lados
Carteles
Carteles
Exclusivo…
Sólo para…
Cliente$ Cliente$ Cliente$
Corrí y corrí
Desesperado
Apabullado por el poder
de mis tripas
Hasta que no pude más
y me detuve en seco
La calle estaba llena de turistas,
De gente comprando cosas y cosas y cosas
pero la anatomía
no entiende de vergüenza,
de modo que
me bajé mi único par de pantalones
y me puse a cagar delante
de la puerta de un ZARA
 
La naturaleza es sabia,
incluso en las casualidades
 
Sin esfuerzo,
solté hasta el último gramo de mierda
que flotaba en mis tuberías
El segurata de INDITEX
salió hecho un basilisco
gritando y agitando los brazos
mientras yo terminaba de limpiarme
con tres cuartos de un poema
  y de subirme los pantalones
Y como el sicario de Ortega
no dejaba de vociferar
         y de increparme
acabé invitándolo
con la más amable
de mis sonrisas
a que se comiera
   mi puta mierda
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4 comentarios sobre “Colitis Gentrificada. Escatología capitalista y otras ventosidades. Elloboestaaqui Trademark.

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  1. Excelente prosa para describir a un héroe urbano, ¿quién no ha pasado alguna vez por semejante odisea?, lo bueno es que cuando superamos la barrera de la vergüenza cultural y las dificultades técnicas de encontrar un hoyo discreto donde depositar el substrato intestinal de nuestros alimentos, nos sentimos merecedores del Olimpo de Oro, del Oscar a la Mejor Retención y una ducha fresca y regenerativa.

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