El Buen Samaritano. Bondades e idiosincrasias de un porcentaje indeterminado (pero alto) del género humano. Elloboestaaqui design…

El Buen Samaritano
    Después de tanto tiempo observándote, creo que tengo claro qué cosas te parecen bien y cuáles no. A primera vista, eres un tipo sensible, consciente de los problemas que acucian a los más desfavorecidos. Sé de buena tinta que te preocupa la deforestación del Amazonas, los incendios que arrasan los montes, y lo terrible que te parece que jueguen al tiro al blanco con los rinocerontes negros y las ballenas azules. Sí, chico, sí. Tú compras productos BIO. Orgánicos. Verduras de agricultura ecológica. Hace años que tiras tus botellas de Rioja en el contenedor del vidrio. Además, firmas cada campaña que reivindique cualquier causa que aparezca en tu muro de Facebook, y aunque simpatizas con la causa feminista, los 8 de marzo siempre aparece un lamentable imprevisto que te impide manifestarte en la calle. Pero tienes tu pegatina. La pusiste en el coche o en la carpeta de la universidad o la pegaste en el mostrador de tu bar. Está junto a las de Nunca Mais. Junto a la de No a la Guerra y la de No a la Tala de Tita Cervera. La casualidad es algo extraño, pero te pasó lo mismo con las manifas de las pensiones, con las de los recortes de la educación y la sanidad, con la del 135, en las huelgas generales e, incluso, todos los 1 de mayo, porque a última hora siempre acaba doliéndote la garganta, o tienes que instalar las actualizaciones de Windows en tu ordenata. Querías asistir. De verdad que sí. Tu conciencia social está fuera de duda. Si hasta tienes un palestino colgado en el armario y una chapa del Che Guevara en la solapa de tu chupa de cuero. Eres todo un activista en las redes. Todos somos Londres, pusiste en tu estado de Whatsapp. Todos somos París. Todos somos Charlie Hebdó, y de vez en cuando, cuelgas alguna cita de Mandela o Ghandi en tu cuenta de Twiter. Eres un férreo defensor de las minorías, y desapruebas de corazón la discriminación racial, aunque preferirías que los manteros se pongan un poco más lejos del portal de tu edificio o que los cayucos de los que cruzan el estrecho vayan a parar a otro país, porque, al fin y al cabo, no es que aquí la cosa esté para echar cohetes. Has oído que a los inmigrantes que consiguen llegar, los hacinan en pequeños campos de concentración. Mala comida, sin higiene. Eso es lo que dicen algunos. La TV no. Tampoco los periódicos o la radio. Ellos dicen que vienen porque aquí les regalan las ayudas o para hacer turismo médico. A ti van a hablarte de solidaridad. Te pasas la vida apoyando las causas justas. Compras cupones de la ONCE. De la Cruz Roja. Por otro lado, está lo del cambio climático. La desertización. El deshielo del Ártico. El agujero de la capa de ozono. La extinción de especies animales. Que el petróleo se va a acabar. Ya no recuerdas cuánto tiempo llevas escuchando esa cantinela. Por el momento, tampoco parece que sea para tanto. Del grifo sale agua, llenas el depósito de tu coche cada vez que vas a la gasolinera y tu gin tonic tiene el hielo suficiente. También has escuchado hablar de esa isla de plástico que crece en el océano, aunque a ti te escama que no haya salido ninguna foto en alguna parte o que no esté localizada por los satélites de Google Maps. Como buen samaritano, te horroriza contemplar a los negritos africanos que sacan por TV. Qué hambre, dios santo. Qué sed. Mueren como moscas, a puñados. Y luego están los refugiados, los campos chabolistas donde los confinan para la eternidad, sin escuela, sin medicinas. Te parece que, a veces, el mundo es un lugar cruel. Tanta gente pobre, sin hogar ni nada que comer. La vida es muy injusta, aunque el Barca-Madrid o Gran Hermano VIP están a punto de empezar, y dentro de un rato te parecerá que todo importe un poco menos. La desazón desaparecerá. Todo estará en calma y estarás en paz contigo mismo. La vida es un suspiro efímero y no puedes amargarte por cada cosa desgracia que ocupe una portada. Al fin y al cabo, ¿qué puedes hacer tú? Eres sólo un individuo. Un número primo entre la multitud que devora a bocados el planeta y que se echa crema solar cuando el sol aprieta. Entretanto, mientras esperas una nueva desgracia que aúne de nuevo nuestras voces en un solo grito de protesta, hazte un selfie o un poco de yoga, despreocúpate de los problemas y aunque el mundo se vaya a la mierda, tú, sé feliz.
Ilustración de Michael Byers

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12 comentarios sobre “El Buen Samaritano. Bondades e idiosincrasias de un porcentaje indeterminado (pero alto) del género humano. Elloboestaaqui design…

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  1. Un número primo feliz hasta ser más primo que número porque ya no quepa en la lista de privilegiados del 20% y pase a estar en la del 80%. Para entonces ya no tendrá las herramientas de la democracia y solo podrá llevarse las manos a la cabeza por haber perdido la ocasión. Feliz inconsciente. Pero… ¿es que alguna vez tuvo tales herramientas o fue todo una ilusión?

    Hace falta valor. Saludos y buen finde!

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  2. Quién sabe, lo mismo un día despierta y se hace consciente, yo prefiero a alguien así que a alguien como D.Trump y otros más cercanos en mi vida, que el planeta y el eco sistema, les importa declaradamente una mierda, y el único fin del ser humano, es utilizar todo lo que esté a su alcance, caiga quien caiga. Al menos en esta hipocresía de personaje (que es muy actual) se da la circunstancia de la semilla de lo nuevo, quizá germine, con uno sólo que se convenza, merece la pena aguantarlos a todos mientras tanto. Y hasta que ello suceda, te mando unos eco respetuosos saludos

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  3. Como siempre, sacudida de conciencias, patada en la puerta del baño donde nos dedicamos al onanismo infame del “yo soy un tipo/tipa concienciado, hago lo que puedo, los que fallan son los demás”. Por desgracia, existen muchas posibilidades de que en cuanto acabe y me limpie, regrese al mundo feliz en el que vivo anestesiado. Ojalá <alguna vez, no. Un saludo, preñado de mala conciencia, me temo.

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