El Orgullo de la Sangre Roja… Elloboestaaqui Trademark…

El gruñido del Lobo irrumpe en tiempos de bonanzas electorales y fantasmas que nunca fueron tales...
EL ORGULLO DE LA SANGRE ROJA
   No cabe duda. Me he dado cuenta nada más verte. Así que eres español. Llevas puesto el equipo completo. Tu pulserita con la bandera de la tienda de chinos o la que compras a los negros que se saltan las concertinas de la valla que vienen a quitarte el trabajo. Tu polo camisero con la bandera enroscada al pescuezo que ha fabricado un taiwanés de Taiwán. Al retrovisor del coche, junto al viejo Elvis y el rosario y la cruz en tu coche alemán. En la cartera, de cuero marroquí. Te entiendo. Tienes miedo a perderte. A perder la cabeza y que la genta no sepa de dónde eres. Tu nacionalidad. Lo pone en tu carné de identidad. En tu partida de nacimiento. Hasta en tu declaración de hacienda. Pero no es suficiente. Eres español, qué cojones. Estás orgulloso, aunque si te preguntan por qué, quizás no sepas explicar muy bien el motivo de tanto orgullo. Naciste aquí, como pudiste hacerlo en Perú, en Zambia o en Mongolia. Igual. Resulta interesante, no creas. Supongo que si nacieses en la Unión Soviética de Stalin o en la Rumanía de Ceauşescu se te henchiría el pecho al saberte comunista, o que si tu madre te hubiese parido en la USA de los Bush o Trump aplaudirías con las orejas al escuchar el himno yanqui. Algunos te dirán que algo así no es para estar demasiado orgulloso. Otros te dirán que sí. Que mucho. Por ejemplo, esos españoles que aman las mamandurrias y el dinero que hurtan al resto de contribuyentes. Ya sabes. Los de la cesta de manzanas podridas. Los de los casos aislados y los brotes verdes que salvaron la patria del suicidio perroflauta. Los que prefieren que la sanidad pública no sea tan pública y que los colegios sean un poquito más privados, porque la educación y la salud no puede ser para todos. ¡Paga, coño! Los españoles de bien lo hacen. Españoles que prefieren pagar menos impuestos que el resto de los españoles. Que los españoles menos ricos. Que los españoles más pobres. Les encanta el sistema tributario español, pero sólo para que se lo apliquen a los demás. Son españoles de paraíso fiscal. Que tributan en el extranjero, lejos de su amada España. De la misma España que desmantelan. Que empobrecen. Esos españoles que no quieren que el resto de españoles cobren ni sepan demasiado. Que no vivan por encima de sus posibilidades. Para eso ya están los grandes empresarios. Los de las concesiones de las autopistas. Los constructores que hinchan la burbuja. Los banqueros. Los comisarios de las cloacas. Los dueños de las eléctricas. Los jueces que los protegen. Españoles que aman España y sus puertas giratorias. Los pasadizos secretos a los consejos de administración del edén multinacional. Que anhelan con toda el alma una España próspera y grandiosa. Así lo explicaron en 1939. Después, otros cuarenta años de explicaciones. De educación. De desaparecer españoles en las cunetas. En fosas comunes. Por rojos. Por pedir libertad. No puedes negar que eres uno de esos españoles que matarían por haber estado en el gran funeral de la Plaza de Oriente. El del Generalísimo, Caudillo de España, por la Gracia de Dios y de la Santa Madre Iglesia, apostólica y romana, sí, pero sobre todo, muy española. En noches claras y de luna, todavía puede escucharse a su emérita majestad ulular su juramento de fidelidad al dictador y al movimiento nacional. Está todo atado. Atado y bien atado. Eso fue lo que dijeron.
Sí. Está claro. Son españoles. Españoles que adoctrinan. Que mandan callar. Sentarse, coño. La España del señorito se ha desmonterado y salta al ruedo ondeando sus moqueros rojigualda y sus tricornios. La transición silenciosa no les cortó la coleta. Había que amnistiar. Amnistiar y callar. Amnistiar y olvidar. Olvidar los crímenes. El genocidio. La lesa humanidad. El expolio. La injusticia. Ahora, una España alza de nuevo el brazo. Como Mussolini. Como los hitlerianos de Hitler. Entretanto, la otra España supervive. Supervive y calla. Calla y se abstiene mientras el aguilucho o el charrán de la bandera ondean la sombra de la patria sobre su eterna pobreza. Pero, no te lamentes por ellos, querido español. La culpa es suya. No trabajan. No se esfuerzan. No como buenos españoles. Igual que esas mujeres que gritan igualdad. Marimachos, feminazis que no quieren parir ni cocinar o que los hombres, ¡bendito sea el señor!, no les peguen. Y no es que lo diga yo. Lo dicen en los periódicos, y los periódicos no mienten, ¿verdad? Son españoles, ¡dios santo! Llevan la patria muy adentro. Por eso hacen lo que hacen. Con la rotunda razón del porque sí, con la del porque no o con la de que los cojones de un español de pura cepa nunca se equivocan. España y verdad no son siempre lo mismo. A veces, ni siquiera se parecen. Eso lo saben bien los dueños de los medios. Son españoles, sí, pero también ricos, y les agrada la idea de preservar la salud de su riqueza. Ellos te cuentan lo que hace el alcalde. La ministra. El presidente. Los jueces. Los desaprensivos bolivarianos de la oposición. Los que quieren romper España. Esta España tuya. Esta España vuestra. Te lo dirán las veces que haga falta. Hasta convencerte de que lo que dicen es cierto. Que lo que dicen es lo que ha sucedido. ¿Cómo sabrías lo que hacen si no? Es un asunto delicado. Imagínate que se les diese por mentir. Por manipular la verdad. Es improbable. Casi imposible. Ni te imaginas cuánta españolía riega las venas de toda esa gente. Españolía y sobres. Sobresueldos de contabilidad B. Pura Marca España. Capitalismo off-shore y amnistía fiscal para amigotes. Lo que no se escribe no existe. Lo que nadie ve. Lo que nadie escucha.
No cabe duda, amigo. Lo has dejado bien claro. Eres español. Un español que nunca volvería a llamar a un fontanero, a un carpintero o a un electricista que haya robado en tu casa, pero que, bueno, si se trata de un tipo con traje, con bandera y rosario y una colección de estampitas, o de un tipo con pinta de vendedor de productos financieros u otro que se pasea con una pistola debajo del brazo añorando a voz en grito a los asesinos cavernarios, no dudarás en volver a otorgarles tu confianza porque, si algo te han dejado bien claro mientras desahuciaban cientos de miles de familias, o precarizaban tu trabajo o robaban de las arcas públicas que llenas con tus impuestos o recortaban tus derechos, es que sí, que cuando llegue la hora y vuelva a romper el alba, sonreirán con fruición al escribir un nuevo renglón olvidado de tu Memoria Histórica con la estupidez de tu tinta roja.
 
 
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21 comentarios sobre “El Orgullo de la Sangre Roja… Elloboestaaqui Trademark…

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  1. Muy bueno. Describe perfectamente la media verdad de todo esto. He echado en falta la otra media, la que cuente la verdad del resto, la de todos los cómplices de tanto latrocionio, la de tanto cooperador necesario amparado en otras siglas, en otras banderas, y por eso en tantos silencios. La de tanto vocero de los males ajenos mudo ante los propios. La de tanto golpe de pecho con una mano sobre ideales perfectos, mientras con la otra cogen lo que pueden del cajón. La de tanto perroflauta dando lecciones con su cuaderno lleno de tachones. La de quienes no barrieron bajo las alfombras para que no barrieran las suyas. Me ha faltado una mitad de la verdad y aún así, comparto la expuesta.

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  2. …. algunos sabemos y otros no andan desencaminados que los “análisis”, los mesetarios y próximos, los “analizan” en la zona testicular. No hablo de geografía…Me gusta. Saludos

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  3. En mi casa no necesito enseñar el DNI para que me reconozcan. En el vecindario tampoco necesito enseñar la escritura de mi vivienda para ser reconocido. En mi ciudad soy uno más sin hacer de menos a los demás.Y en mi país pago los impuestos sin ondear bandera alguna. En cambio hay quienes con lo segundo chanchullean con lo primero, cuanto patriota hay en la cárcel por eso mismo. Los símbolos nos deben representar y, con orgullo si es posible, cuando estemos fuera de España. En casa más honestidad y menos parafernalia.
    Saludos 🖐️

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  4. Acabo de descubrirte, leeré algo más. En todo caso, el españolismo, es decir, el nacional-catolicismo, está ahí férreamente asentado desde ni recuerdo, quizá desde que el universo era una nebulosa en la mente del Creador, razón de que haya que seguir diseccionándolo. Suerte y salud.

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